El Alcalde de Arnedo, Javier García, ha recibido en la mañana de hoy, rodeado de multitud de amigos y conocidos, al que hasta el próximo 8 de septiembre, y a lo largo de 19 años, ha ejercido como párroco de las Parroquias de San Cosme y San Damián y Santo Tomás Apostol de Arnedo, D. Tomás Ramírez.

 

El Alcalde ha querido recordar que junto a Don Tomás, y con la ayuda de su impulso, Arnedo ha vivido transoformaciones muy importantes en sus templos, como la reforma interior de San Cosme y San Damián, y de manera reciente el exterior así como el patio y la escalinata que da acceso al templo; las transformación del templo de Santo Tomás, la cubierta de la Iglesia de Santa Eulalia; o en materia cultural, iniciativas como el programa Música en las Iglesias, las Rutas Teatralizadas, o el desarrollo de la exposición La Rioja Tierra Abierta.

El primer edil de la ciudad ha recogido una frase de Ramírez pronunciada hace unos días, en los que aseguraba que “Arnedo, sus paisajes y sus gentes, forman parte de mi patrimonio personal”, para expresarle que se ha convertido en un arnedano más.

El Alcalde también ha puesto el acento en la labor social realizada por Don Tomás con los que el hasta ahora párroco ha denominado siempre “los descartados”, con un mensaje que ha transcendido lo litúrgico y ha puesto a menudo el dedo en la llaga.

Por último ha querido agradecer en nombre del municipio su labor y desearle lo mejor en su nueva etapa, así como hacerle entrega de un pequeño obsequio conmemorativo en nombre del consistorio.

Por su parte, Tomás Ramírez ha empezado agradeciendo este pequeño reconocimiento, a lo que han sido “19 años deliciosos”. Ha querido hacer un repaso a su historia como sacerdote, que comenzó en Clavijo en un breve periodo de tiempo, para después pasar a Albelda, en donde, según ha dicho, la parroquia era la encargada de toda la actividad deportiva, social o lúdica. Tras Albelda pasó por Santo Domingo de la Calzada, en donde aprendió a cuidar el arte, y descubrió que toda la ciudadanía se enorgullece de la historia de sus pueblos, para desembarcar finalmente en Arnedo, la que para él fue una actividad completamente nueva, donde “el cura no es el centro de la actividad, sino uno más”. Para él, venir a Arnedo fue “un regalo de Dios”, aunque ha opinado que “Arnedo no es tan conocido, querido y apreciado como debiera”

“Arnedo-ha dicho-tiene una extraordinaria tradición ciudadana, y una gran riqueza proveniente de su humanismo, en donde alguien se une a otro alguien dando a los demás lo que ellos saben, lo que es una actitud muy cristiana, independientemente de acudir o no a la iglesia”, en referencia al numerosísimo tejido social de la ciudad.

También ha dicho de los arnedanos que son gente muy trabajadora que saben bien lo que cuesta ganar el dinero, una ciudad, ha dicho, “de trabajar como locos, aunque es importante medirlo, porque si se trabaja como locos no se vive como personas”

Entre sus principales preocupaciones ha estado dejar Cáritas en manos de los seglares, quienes consideran que le han dado mucho a la institución, así como recuperar el patrimonio de la ciudad, no sin polémica en algunas ocasiones.