Un total de 3.373 inspecciones en 2.567 establecimientos y el control de 2.337.011 animales sacrificados en los mataderos son algunas de las cifras que arroja la actividad desarrollada en 2018 por el Gobierno de La Rioja, a través de la Dirección General de Salud Pública y Consumo, dentro del Plan de Control de Alimentos de La Rioja 2016-2020 con el que se quiere garantizar la seguridad de los consumidores.

 

Estos datos han sido ofrecidos esta mañana por el director general de Salud Pública y Consumo, Juan Ramón Rábade, quien ha explicado “el importante trabajo que desarrollan los 37 inspectores de Salud Pública (3 farmacéuticos y 34 veterinarios) que son los encargados de verificar la seguridad microbiológica y química de los alimentos para controlar sus riesgos asociados”.

Además, ha añadido que “también es necesario que los consumidores adopten comportamientos saludables en la elección de los alimentos y durante la preparación y la conservación de las comidas, con el fin de mejorar su situación nutricional y garantizar la seguridad de los productos que van a ingerir”. Rábade ha añadido que en muchas ocasiones “las intoxicaciones alimentarias son de tipo doméstico y en menos ocasiones se detectan por alimentos consumidos en locales de restauración”.

En este sentido, el director general ha precisado que “en los últimos 4 años sólo hemos contabilizado una toxiinfección alimentaria vinculada a un establecimiento alimentario, lo que pone de manifiesto tanto el papel del control oficial en la prevención de los riesgos vinculados al consumo de alimentos como el acento en la importancia que tiene la manipulación de alimentos en el ámbito doméstico”.

Plan plurianual de Control de Alimentos de La Rioja 2016-2020

El Plan plurianual de Control de Alimentos de La Rioja 2016-2020 establece cómo debe ser y cómo se lleva a cabo el control de los alimentos en empresa alimentarias y del bienestar animal en mataderos para garantizar el cumplimiento de la legislación competencia de salud pública. Con carácter general, el control oficial se realiza mediante visitas de inspección o auditoría, toma de muestras y análisis.

Los controles tienen que realizarse basándose en procedimientos documentados, a fin de asegurar que son uniformes y de calidad. Además, deben ser regulares y proporcionales a la naturaleza del riesgo y con la frecuencia apropiada. Estos controles deben documentarse mediante informes y someterse a supervisiones y auditorías internas para evaluar eficacia y calidad.

En La Rioja, las responsabilidades para los controles oficiales, se ejercen por la Dirección General de Salud Pública y Consumo que dispone de 37 Inspectores de Salud Pública (3 farmacéuticos y 34 veterinarios). Los veterinarios son, además, los responsables de la inspección de la carne fresca en los 8 mataderos y las 2 salas de manipulación de carne de caza de La Rioja. Para la realización de los análisis se cuenta con el Laboratorio Regional de La Grajera y otros laboratorios oficiales.

La principal actividad de control en seguridad alimentaria en 2018 hasta el 31 de julio:

  • Se han realizado un total de 3.373 visitas (3.098 visitas programadas y 275 no programadas) en 2.567 establecimientos (de los que 2389 estaban programados). Entre las medidas adoptadas destacan 150 propuestas de expedientes sancionadores y 993 notificaciones de incumplimientos.
  • Se han realizado 240 visitas de auditoría de los sistemas de autocontrol con 6 propuestas de expediente sancionador y 11 notificaciones de incumplimientos.
  • Se han emitido 1.003 certificados para la exportación de alimentos en 149 industrias alimentarias.
  • En mataderos se han realizado 893 jornadas de inspección veterinaria para un sacrificio de 2.337.011 animales.
  • Se han realizado actuaciones sobre 23 alertas alimentarias.

En La Rioja tenemos 6.200 actividades alimentarias; 1.700 son actividades industriales (fábricas de embutidos, bodegas, almacenes, transportistas de alimento, etc) y 4.500 actividades menores (pescaderías, minoristas de alimentación, carnicerías, bares y restaurantes, etc.). De estas actividades menores, unas 2.600 se corresponderían al sector de comidas preparadas (bares, restaurantes, etc). Los establecimientos alimentarios son unos 5.500 (en un establecimiento puede haber más de una actividad) de los que unos 1.600 serían industrias y 3.900 minoristas.

Los establecimientos alimentarios se clasifican por riesgo, desde de riesgo muy bajo hasta de riesgo muy alto. De la misma manera, según las condiciones higiénico-sanitarias, los establecimientos se categorizan por grupos desde el grupo 1 (mejores condiciones higiénicas) hasta grupo 6 (peores condiciones). En La Rioja, el 96% de establecimientos se engloban en el grupo 1, 2 o 3.

La seguridad alimentaria en verano

Por otro lado, Rábade ha destacado que “la llegada del verano y el consiguiente aumento de las temperaturas provocan un aumento de intoxicaciones alimentarias que, en la mayoría de las ocasiones, tienen su origen en los alimentos elaborados en nuestra casa”. “Las altas temperaturas no sólo multiplican nuestras actividades al aire libre sino que favorecen el crecimiento de las bacterias en los alimentos lo que hace necesario que en verano, más que nunca, sea imprescindible seguir unos sencillos consejos para que los alimentos sean seguros” ha añadido.

La Organización Mundial de la Salud propone unos consejos básicos:

  • Consumir alimentos que hayan sido tratados o manipulados higiénicamente. No se debe consumir leche sin tratamiento térmico (leche cruda). Las carnes, pescados y productos de repostería deben estar refrigerados o congelados. En los establecimientos de restauración es obligatorio el empleo de ovoproductos en la elaboración de mayonesas, salsas, cremas, etc. Si prepara estos alimentos en casa, deberá consumirlos inmediatamente.
  • Cocinar correctamente los alimentos. Si los alimentos se cocinan bien los microorganismos pueden ser destruidos por el calor. La temperatura a la que debe someterse el alimento debe ser suficiente para que alcance un mínimo de 70º C en el centro del producto.
  • Consumir los alimentos inmediatamente después de ser cocinados. Es la mejor manera de evitar la proliferación de los gérmenes. No dejar nunca los alimentos cocinados a temperatura ambiente.
  • Un alimento cocinado, es un alimento higienizado. Los alimentos que no puedan ser consumidos inmediatamente o las sobras que se quieran guardar, deben mantenerse por encima de 60º C, o del frío, a 7º C como máximo.
  • Si va a consumir pescado crudo o poco cocinado en casa, hágalo después de haberlo mantenido congelado durante varios días.
  • Calentar suficientemente los alimentos cocinados. Otro tipo de alimentos que no puedan ser sometidos a calor (ensaladas, gazpachos, etc.), deben ser refrigerados inmediatamente.
  • No siempre es posible aprovechar sobras de una comida anterior, pero si decide hacerlo, caliente dichas sobras a la temperatura máxima antes de consumirlo.
  • Evitar el contacto entre los alimentos crudos y los cocinados. El trapo de cocina o la bayeta puede ser un excelente vehículo de contaminación. Es preferible usar papel de cocina.
  • Asegurar una correcta higiene de la persona que va a manipular los alimentos y una limpieza adecuada en todas las superficies de la cocina.
  • Es muy importante hacer la limpieza de la cocina diariamente, como mínimo. Tener especial cuidado en almacenar la basura en recipientes lisos, lavables y cerrados y que éstos no se encuentren cerca de los alimentos.
  • Mantener los alimentos fuera del alcance de insectos, roedores y animales de compañía.
  • Utilizar exclusivamente agua potable. El agua potable no es sólo imprescindible para beber, sino también para preparar los alimentos.
  • No consumir alimentos perecederos que estén expuesto a temperatura ambiente. Estas medidas deben ser exigidas por el consumidor, y cuando se observe que no se cumplen, los alimentos deben ser rechazados.