CARTAS AL DIRECTOR

Hace unos días intercambiaba mensajes a través de whatsapp con unos amigos. Estábamos haciendo planes para las cercanas fiestas de agosto y el tema candente era la compra de entradas para los diferentes actos programados.

Algunos amigos decidieron apuntarse al archiconocido GRAND PRIX, otros preferían al espectáculo cómico/taurino GLADIADORES DEL SIGLO XXI, algunos decidieron que querían ir a ambos eventos, finalmente hubo también quien decidió que no quería asistir ni a una cosa ni a la otra.

Si algo tuvimos todos en común fue la posibilidad de elegir libremente a qué actos queríamos acudir. La inmensa mayoría de personas que estén leyendo estas líneas estarán pensando con cierto desdén: “-¡Pues vaya una reflexión!” Yo mismo hubiera pensado lo mismo unos días atrás.

Nos encontrábamos ultimando la cantidad de entradas que comprar para unos y otros eventos, cuando irrumpió en la conversación Pacota, que hasta ese momento no había intervenido, raro en él, pero que, sin duda, sus motivos tenía.

Pacota es amigo nuestro, y casi del resto del mundo. A mayores mi primo, no de sangre pero sí de corazón que, a decir verdad, puede ser mucho más importante. Para los que no lo conozcan (si queda alguien en la comarca) es una persona extraordinariamente extrovertida y activa socialmente. Si hay un dicho que lo defina en esencia seria: “este se apunta hasta a un bombardeo”.

Cuatro años han pasado desde su accidente. La silla motorizada con la que se desplaza desde entonces no ha impedido que siga haciendo una vida normal. Sobre todo no ha evitado que siga siendo él mismo, de ello no cabe duda alguna. Sigue igual de currante, igual de culé (por desgracia), y sobre todo igual de buena persona.

Su mensaje iluminó la pantalla de mi móvil y captó toda mi atención. Mi expresión, aún divertida, mudó a sorprendida, después a reflexiva y finalmente a decepcionada. Su mensaje decía exactamente:

-Para Pacota no hay adaptación en la plaza, así que me quedo en casa.

El texto estaba acompañado de un emoticono, ese que guiña el ojo en plan simpático. Pacota es así, a mal tiempo buena cara. En su contra diré que se equivocó de “emoti”. Quizás el más coherente a su mensaje hubiera sido el de la banderita de Somalia.

Mi pensamiento se fue directamente al interior de la plaza, mentalmente di la vuelta al ruedo bajo el graderío, mis recuerdos sólo encontraron las angostas escaleras que tantas veces he subido y bajado. Ni rastro de rampas o elevadores para minusválidos. He de reconocer que me sentí incluso mal por no haberme percatado por mí mismo de esta deficiencia.

El sonido de la recepción de un nuevo mensaje me devolvió a la realidad. Pacota terminaba por derrotar mi pasividad. Su nuevo mensaje decía así:

-25 años he tenido el abono para la plaza, ya llevo 4 sin poder entrar porque la plaza no está adaptada.

La respuesta no se hizo esperar. Hay que hacer algo al respecto. ¿Qué mejor que escribir exactamente la realidad que acabábamos de vivir? Ya teníamos un titular: “25 años de abono y 4 de abandono”.

A Pacota nada se le ha puesto por delante en estos 4 años pese a necesitar una silla de ruedas. Y cuando digo nada, es nada. Su vida continúa tan activa como era antes, o más incluso. Coraje y ganas le sobran a raudales. Y yo pienso: con esta actitud tiene que resultar frustrante dejar de hacer cosas que desearía, no porque no pueda, sino porque Calahorra (en este caso) se las está negando, al igual que se lo niega a otras muchas personas de forma totalmente injusta.

Se oyen comentarios aquí y allá sobre reformar la plaza, lo cual daría una solución a esta carencia y a otras que tiene el coso actual, supongo. Pero estas acciones pueden tardar 2, 5 o 10 años, ¡a saber!. No podemos prorrogar los derechos de las personas pensando en planes futuros.

Desde aquí quiero hacer un llamamiento a todos nuestros representantes políticos (sin excepción) para que den los pasos necesarios y aporten una solución a este problema. Creo honestamente que debería existir unanimidad entre los diferentes partidos en algo tan fundamental como dotar de accesos adaptados a la plaza de toros. Deseo profundamente que así sea y que entre todos ustedes busquen una solución urgente. Me atrevo a decir que estarán haciendo algo que aplaudirán todos los calagurritanos.

Sería fantástico que el próximo año la plaza estuviera abierta a todos los calagurritanos y visitantes sin excepción. Que todos pudieran disfrutar de los espectáculos programados. A ser posible espectáculos en los que no se haga daño a los animales, aunque en esto último, amigo Pacota…., no creo que lleguemos a un acuerdo, al menos de momento. Pero esto ya es otra historia…

Ruben Losantos Calvo