Al acabar el XVIII Torneo de Reyes del Club Ajedrez Alfaro todos los que habíamos participado del evento, jugadores, padres, monitores, árbitros, organizadores, nos juntamos para realizar la tradicional fotografía en la escalinata de la Colegiata de San Miguel. A la vista de esta fotografía bien podría pensarse que es la misma que la del año pasado. Y efectivamente es así: la misma foto que el año pasado, la misma que el año anterior, y la misma que tantas ediciones pasadas.

 

Todo debe de cambiar continuamente para que todo siga siendo lo mismo. Como la savia de un árbol que fluye constantemente, así experimentamos la renovación de nuestra base de jugadores en el Club Ajedrez Alfaro.  Renovación de niños que se incorporan a la Escuela, y renovación de niños que van progresando y cumpliendo etapas en su evolución. Hay varios torneos en los que podemos asistir a esta progresión. El de Reyes es uno de ellos, junto con el Ribera, a punto de acabar,  y con el Promesas, de próxima celebración en el mes de abril.

Afortunadamente cada vez son más los participantes en los torneos. El Torneo de Reyes está planteado al mejor de seis partidas a ritmo de diez minutos. Si el año pasado celebrábamos la cifra de más de setenta jugadores, este año hemos superado los ochenta. Ciertamente daba gusto ver la sala de exposiciones del Antiguo Ayuntamiento llena a rebosar, entre niños y padres. A lo que sin duda contribuye la incesante aportación del Hermano Darío con sus chicos de la Salle el Pilar.

Los pequeños que nos regalaban momentos inolvidables en la categoría B el año pasado, este año ya han sido protagonistas en la categoría A.  Los que venían pidiendo paso en esta categoría A en años anteriores, en esta han ocupado las primeras posiciones. Aquellos para los que esta era la primera experiencia en competición le ponían  ilusión a cualquier detalle.

Los chavales estuvieron extraordinariamente arropados por sus monitores, bien atentos a cualquier lección que una partida puede ofrecerle a los niños.

Y como siempre no faltó la tradicional chocolatada a mitad de mañana, para delicia de pequeños y grandes.

Como decíamos al principio, la foto sigue siendo la misma. La savia fluye.